Cura José Gabriel Brochero

“Bien sabe cuánto yo quiero a su Congregación, a usted y a la comunidad del Tránsito”

“Brochero, un sacerdote humilde y trabajador, de heroica abnegación, aunque sacerdote no se eximió de los más penosos trabajos…sin diferenciarse en esto de los más humildes de los obreros. Su humildad era pronto imitada por todos…que trabajaban sin cesar a ejemplo del celoso señor Brochero”

Los frases de dos personas que vivieron en Córdoba en el Siglo XIX. Se trata de un cura y de una religiosa hablando el uno del otro. Son el Padre José Gabriel Brochero y la Hermana Catalina de María Rodríguez. Constructores de nuevos estilos de evangelización anclados en la Pasión por el Corazón de Jesús y en la Pasión por la Humanidad y alimentados por la espiritualidad ignaciana.

Cuando José Gabriel Brochero llegó al Curato de San Alberto

en 1869, entre otras obras que hizo fue buscar un modo para que su gente viviera, sintiera, gustara de Dios. Para ello eligió el método de los Ejercicios Espirituales. También le preocupaba la educación de la mujer y por eso construyó escuelas. Pensando en el más allá, en la proyección y perdurabilidad de su obra y también en el trabajo en equipo, le pidió en 1878 a Madre Catalina una comunidad de Hermanas que en sus palabras “mataran dos pájaros de un tiro”, es decir que atendiesen la Casa de Ejercicios recién construida y el Colegio de Niñas..

La Congregación llevaba 7 años de fundada

Para llegar había que cruzar las Altas Cumbres  a caballo o en mula y la tarea en ese lugar era muy sacrificada tanto por el clima como las condiciones de la casa. Catalina, consulta con los padres Bustamante y Luque, y si bien poco trato había tenido con Brochero y sin conocer Villa del Tránsito, accede y envía 16 hermanas, en el primero de varios viajes, alguna de ellas con poco tiempo en el Instituto. En preparación para el cruce hace traer un caballo a la Casa Madre y en un sector de quintas las hace practicar a las que sabían andar y aprender a las neófitas. La crónica del viaje hoy nos parece pintoresca, pero las hermanas guiadas por los sacerdotes Brochero y Luque junto a dos baqueanos, no fueron privadas de situaciones peligrosas ni de la presencia de alimañas y la fauna típica de la zona portando los pertrechos personales.

Al llegar fueron recibidas con mucho cariño por el pueblo

en tanto la tarea que les esperaba era cocinar, atender a los ejercitantes y el Colegio, si bien el Cura se preocupó del bienestar de ellas llevaban una vida austera en una época sin comunicaciones (un telegrama a Córdoba demoraba 4 días), ni los medios que se contaban en Córdoba. El lector, si ha hecho el camino de las Altas Cumbres, podrá apreciar la aventura que fue la Fundación de esta Comunidad en 1880, una locura para los ojos de varios. Catalina y Brochero llevados por la Pasión por el Corazón de Jesús y por la Humanidad unen sueños en esta obra que aún perdura.

En el año 1885 en una carta dirigida a las Hermanas de la Comunidad, Catalina indica lo siguiente:

“No dejen de celebrar al Señor Brochero como Fundador y bienhechor de las Esclavas del Tránsito con un día Clásico ”. Y en 1887 le escribe a la Superiora, la Hermana María de los Dolores Moyano, “El señor Brochero tiene gran aprecio por ustedes, a quien deseo sean muy gratas pues le deben mucho” .Ésta hermana en una carta de marzo del mismo año le escribía “Para el Señor Cura no hay dificultad que no se pueda vencer…aunque un poco resentido y por cualquier cosa se retrae, no hay más que tratarlo con cariño y ya se le pasa”.

En 1888, Brochero hace una declaración ante Escribano

de los inmuebles que recibió o compró con limosnas y se destinaron a la Casa de Ejercicios, el Colegio de Niñas, la casa del Capellán y otros bienes para su mantenimiento. Allí expresa su decisión de dejar esos bienes a la Congregación de las Hermanas Esclavas, señalando explícitamente que el Obispado de Córdoba no puede darle otro destino al expresado por su voluntad.

En 1897, ya fallecida Catalina

“en el almuerzo de “Día Clásico” que celebraba los 17 años de la llegada de las hermanas a la Villa Brochero expresa lo siguiente: “Brindo y tomo este trago de vino por el 17 aniversario de la Fundación de esta casa, para que siga dando los frutos que hasta ahora ha dado, por la Esclavas del Corazón de Jesús y por las niñas que se han educado en este Colegio” . Esta confianza material tiene un marco mayor que Brochero expresa en una Carta  a Catalina en la que dice: “Haré siempre lo que pueda por la Congregación de su Instituto…no olvide que yo quiero mucho a sus Esclavas” Confianza mutua entre ambos, ella envía a sus primeras hijas a un lugar que no conocía y de geografía ruda y él cuida a las hermanas y les deja los bienes para que los administren y sostengan la obra.”