Catalina de María Rodríguez, Córdoba (1823-1896)

Fundadora de las Hermanas Esclavas del Corazón de Jesús

Catalina nació y vivió en Córdoba, en una época de inestabilidad política, de malones, de luchas entre unitarios y federales, con una Universidad prestigiosa y una Sociedad y una Iglesia marcadas por el protagonismo masculino; la mujer, en cambio tenía un rol familiar, doméstico y pasivo puertas adentro. Ella perteneció a una distinguida Familia comprometida con la política y con la fe. Algunos ejemplos: Su padre fue secretario de los Gobernadores Juan Bautista Bustos y José María Paz, su primo Santiago Derqui presidente de la Nación y Gobernador de Córdoba, su tío Juan Justo Rodríguez, teólogo por la Universidad de Córdoba, fue Vicario General de la Diócesis

Huérfana de padres desde muy pequeña...

la criaron sus tías abuelas a través de quienes bebió la espiritualidad jesuita ya que con otros laicos, sostenían la obra de los Ejercicios Espirituales en ausencia de ellos, al ser expulsados de América.

A sus 17 años, en 1840...

regresan los jesuitas y hace por primera vez los Ejercicios. Como ella misma lo contaba, se sintió como Moisés, ante la presencia de un Dios Misericordioso que salía a hablar con sus hijos. Allí sintió el llamado a entregarse completamente a Dios. Dio con el obstáculo de que en Argentina solo había Monasterios femeninos de clausura y según sus palabras “no tenía espíritu para esos conventos”.

Pasó el tiempo, se dedicó a ayudar...

la obra de los Ejercicios Espirituales y a los 27 años se casó con el Coronel Manuel Zavalía, un viudo que tenía dos hijos. Tuvo una hija que se le murió al nacer.

En 1865, 13 años después...

enviuda y renace con fuerza su primera vocación. Según ella misma lo cuenta en sus Memorias, el 15 de septiembre mientras iba de camino a rezar al Monasterio de las Catalinas: me vino al pensamiento que tenía un terreno bastante grande en el que se podía edificar una Casa de Ejercicios y formar una comunidad de señoras que estuviesen al servicio de ella…observaríamos las reglas del Instituto de San Ignacio, enseñaríamos los domingos la Doctrina a las niñas y asilaríamos a esas mujeres que se llevan a Ejercicios casi por fuerza y después de concluidos… causa pena verlas volver a los mismos peligros compelidas muchas veces de la necesidad, vivirían con nosotras, les enseñaríamos a trabajar …me preocupó de tal todo este pensamiento que absolutamente no pude hacer otra cosa en todo el tiempo que estuve en la Iglesia, por más diligencia que hice en visitar a lo menos al Santísimo Sacramento, pues me causaba temor pasar el tiempo pensando solo en esto que tanto me había satisfecho. Le preocupa que ediliciamente a Córdoba le hiciera falta una Casa de Ejercicios y para eso piensa en SU terreno, pero lo que la conmueve y la saca de ella misma es la situación precaria que vivían las mujeres de la época, piensa para ellas un plan de vida. Plan en el que involucra su propia vida. Es importante destacar que en la época se les llamaba mujeres a las prostitutas, esclavas, mulatas y se las identificaba como señoras (casadas o no) a las mujeres que por apellido, esposo, posición económica, eran reconocidas socialmente. Catalina, señora de la época, invierte este paradigma. Le preocupa la suerte de las mujeres que tienen esa vida indigna no por opción sino por necesidad y propone que las señoras sean instrumentos de Dios para que esas mujeres salgan de la situación que no han elegido, catequizándolas, enseñándoles a trabajar, viviendo con ellas.

Debieron pasar 7 años de trabajosas pruebas...

contratiempos, calumnias, soledades, la epidemia del Cólera, para que se hiciera realidad lo que ella llamó su “Sueño Dorado”. A los 17 años quiso ser religiosa, en 1872 a los 49 años, funda la primera Congregación religiosa de vida apostólica de la Argentina, como ella decía, lo más parecidas a los jesuitas, con la centralidad en el Sagrado Corazón y el Carisma del Amor y la Reparación.

Con el Cura Brochero...

y con diferentes estilos, fueron compañeros de camino. El Beato le pidió, a 7 años de fundada la Congregación, que mandara un comunidad de hermanas para hacerse cargo de la Casa de Ejercicios y del Colegio de Niñas. 16 Hermanas cruzaron en 1880, las Sierras Grandes a caballo con esta Misión. Brochero en 1882, le escribe una carta a Catalina diciéndole lo mucho que la aprecia a ella, a la Congregación y a la Comunidad del Tránsito (hoy Cura Brochero) y Catalina destaca en sus Memorias en 1890, que él era un sacerdote humilde, trabajador y de heroica abnegación.

Esta mujer hizo un poco de todo...

fue una laica comprometida, una buena esposa y madre de familia, una religiosa fiel, en suma, una peregrina en busca de la voluntad y la gloria de Dios. Fue transgresora porque invitó a cambiar costumbres, paradigmas, normas. ¿Su motivación? Seguir lo que su corazón le pedía, dejarse interpelar y conmover por lo más herido de la sociedad, cumplir sus sueños, ser fiel a sus ideales, ser fiel a su fe. No hizo cosas de hombres, hizo lo que debían hacer las mujeres y les estaba vedado por serlo.

En su momento probablemente la actitud de Catalina no fue demasiado valorada, fue una de las tantas anónimas. Hoy con la herencia de su impronta y recorriendo su producción un siglo después, se descubre que vulneró varios paradigmas: el del silencio de la mujer, el de la participación activa en su entorno, el de la viudez para ser religiosa (que para la época, era un impedimento para el voto de castidad o para el estado de perfección con que era considerada la vida consagrada), el de darle otro modo a la consagración femenina, el de la fortaleza considerada como atributo masculino, el del estilo empático y trato deferente para afrontar las situaciones.

Podríamos resumir su vida diciendo que la movieron dos pasiones, la pasión por el Corazón de Jesús y la pasión por la Humanidad.